
Las fiestas de los barrios forman parte de la identidad de San Sebastián. Son días de convivencia, música, actividades populares y reencuentros que llenan las calles de vida. Sin embargo, cada año vuelve a surgir el mismo debate: ¿cómo compatibilizar el derecho a la fiesta con el derecho al descanso de quienes viven junto a los recintos festivos?
Las Intxaur Jaiak 2026, que hoy ponen el punto final a su programación, han vuelto a evidenciar esta difícil convivencia. Durante varios días, cientos de jóvenes procedentes de distintos barrios de la ciudad se han acercado a Intxaurrondo para disfrutar de los conciertos y del ambiente festivo. Mientras tanto, muchos vecinos han vivido esas mismas noches desde sus viviendas con una sensación muy diferente: la de no poder descansar.
La última jornada ha sido especialmente comentada. Aunque el horario previsto establecía que la música debía finalizar a las 3:30 de la madrugada, varios vecinos aseguran que el volumen continuó hasta aproximadamente las 4:30, prolongando una situación que consideran difícil de soportar para quienes tenían que madrugar o simplemente deseaban dormir.
La cuestión no es sencilla. Nadie discute la importancia de mantener unas fiestas populares vivas y atractivas, especialmente para los jóvenes. Pero tampoco puede ignorarse que quienes residen junto al recinto festivo tienen derecho a disfrutar de unas condiciones mínimas de descanso.
Encontrar el equilibrio exige diálogo, planificación y el cumplimiento de los horarios autorizados. Respetar el final de las actuaciones, controlar los niveles de sonido, reforzar la vigilancia para evitar botellones o concentraciones posteriores y mantener una comunicación fluida con el vecindario son algunas medidas que pueden contribuir a reducir el conflicto.
Las fiestas no deberían convertirse en un enfrentamiento entre quienes quieren celebrar y quienes desean descansar. El reto consiste precisamente en demostrar que ambas cosas son compatibles. Una ciudad que cuida sus tradiciones también debe cuidar a las personas que conviven con ellas durante todo el año.
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El ambiente generado como se ve en el enlace anterior es de hartazgo con el desmadre de las fiestas. No se respetan horarios establecidos y para remate no se ven jóvenes de Intxaurrondo, unas fiestas molestas para disfrute de la gente de otros barrios, sobre todo de Egia.